Durante décadas, la exploración geofísica fue sinónimo de una dura prueba de resistencia física. Quienes llevan años en la industria recuerdan bien la dinámica: extensas caminatas cargando pesadas mochilas con baterías y consolas, arrastrando antenas de GPR por terrenos irregulares o sosteniendo magnetómetros mientras se luchaba por mantener el equilibrio en pendientes peligrosas y arriesgando la seguridad del operador.

Imagen 1.Magnetómetro terrestre.
La toma de datos no solo era lenta y físicamente agotadora, sino que a menudo estaba limitada por la geografía. ¿Un pantano, una zona de relaves inestables o un acantilado? Simplemente eran zonas ciegas o riesgos inaceptables para el operador. En el caso de la batimetría (ecosonda), la logística de movilizar botes tripulados para medir la profundidad de lagunas industriales o tranques añadía otra capa de complejidad y coste.
Los sensores siempre fueron potentes y han existido desde hace muchísimos años, pero el vehículo de transporte, o sea el operador, era el condicionante.
La llegada de los drones prometía mucho, pero al principio faltaba el eslabón clave: la integración profesional. No bastaba con "colgar" un sensor bajo un dron; se necesitaba precisión, sincronización de datos y seguridad.
Pero el avance de la tecnología ha sido exponencial. Este avance ha permitido miniaturizar los equipos sin sacrificar su potencia, permitiendo que lo que antes requería un equipo de personas, ahora pueda despegar verticalmente y utilizarse de forma autónoma y segura.
En Geocom, no solo hemos visto esta transición tecnológica, la hemos impulsado. Entendemos que el futuro de la exploración y el mantenimiento minero no está en hacer caminar a la gente más rápido, sino en usar los recursos de manera inteligente y eficaz.
Gracias a nuestra alianza estratégica y al uso de las tecnologías de SPH Engineering, hemos logrado integrar los sensores geofísicos más robustos del mercado en plataformas de drones (UAS), derribando las barreras que el terreno nos imponía.

MAGNETOMETRÍA AÉREA:Detectamos anomalías magnéticas y metales enterrados (o "inchancables") volando a baja altura, cubriendo hectáreas en minutos en lugar de días, con magnetómetros de alta sensibilidad que ya no dependen del paso del operador. También pueden ser usados en vuelos más altos para prospección minera, por ejemplo.
GPR (GEORADAR) AEROTRANSPORTADO: Llevamos la capacidad de "ver" bajo el suelo a lugares donde antes era imposible arrastrar una antena, ideal para zonas de difícil acceso o hielo. Muy versátil para identificar objetos desconocidos bajo la superficie, arqueología, búsqueda de tuberías, cableado, estudios geológicos, etc.
ECOSONDA EN DRON: Reemplazamos el bote tripulado por un sistema UAS con ecosonda integrada, permitiendo realizar batimetrías en aguas tóxicas o de difícil acceso sin que ninguna persona toque el agua. Ideal para sectores donde un bote puede encallar con facilidad.
UN NUEVO ESTÁNDAR EN LA INDUSTRIA
La integración de los sistemas de SPH nos permite maximizar la potencia de estos sensores. El dron se encarga de la navegación precisa (siguiendo el terreno automáticamente para mantener la altura óptima usando un sensor activo que entrega el valor real de altura de vuelo), mientras que el sistema de integración asegura que los datos geofísicos se graben con una sincronización perfecta y georreferenciación inmediata.
El resultado es claro: Mayor seguridad para el equipo humano, datos más densos y confiables, y una eficiencia operativa que la geofísica tradicional simplemente no puede igualar.

Imagen 2.Plataforma Magnetómetro Sensys R1 montado en M350.
Donde más fuerte impacta esta tecnología es en la detección de elementos ferrosos, una solución que ataca dos frentes críticos:
1. El problema de los Inchancables (Seguridad y Costos):Cualquier operador de planta sabe que un inchancable(un diente de pala, una pieza de oruga o un perno gigante perdido en el acopio) es una bomba de tiempo.
2. Prospección Minera a Gran Escala: Esta misma tecnología escala perfectamente. No solo buscamos basura metálica; elevando el vuelo, utilizamos estos sensores para la exploración geológica pura, detectando estructuras magnéticas profundas para encontrar nuevos yacimientos, con una logística infinitamente más ligera que la aeromagnetometría tripulada tradicional.
Toda implementación tecnológica exitosa nace de una validación rigurosa, y para Geocom es muy importante validar los productos que ofrecemos. Por eso, antes de llevar nuestros equipos a la complejidad de una faena minera real, necesitábamos establecer una "línea base" de rendimiento. Para ello, diseñamos un campo de pruebas controlado en un predio despejado.
El experimento fue simple pero crítico: simulamos un escenario de contaminación metálica enterrando diversos objetos ferrosos (chatarra, piezas de maquinaria, varillas) a profundidades y orientaciones conocidas. Queríamos responder a dos preguntas fundamentales:

Imagen 3. Objetos enterrados en campo de pruebas

Como verán en los siguientes registros, realizamos vuelos a distintas alturas sobre los objetivos enterrados. Esta etapa fue vital para ajustar la sensibilidad del sensor y los parámetros de navegación de la integración SPH.

Imagen 5.Planificación de vuelo en sector de pruebas.

Imagen 6.Mapa de anomalías magnéticas en sector de prueba.
LA PRUEBA DE CAMPO
Recientemente, pusimos a prueba nuestra solución de magnetometría aérea en un entorno real de alta complejidad operativa. El objetivo era claro: validar si podíamos identificar y discriminar elementos ferrosos peligrosos enterrados, sin detener la operación y sin pisar el terreno.


El procesamiento se llevó a cabo de manera preliminar en terreno para mostrar resultados rápidos, para posteriormente en las oficinas ser más riguroso en el proceso. Luego de aplicar varios filtros a los datos y resaltar la anomalía magnética, acá algo de los resultados.





Las diferencias son claras respecto a los objetos enterrados, pero lo más importante es que aún con la diferencia en el valor de la anomalía, son claramente discernibles los elementos bajo tierra.
Lo más impresionante no fue solo detectar los objetos, sino la limpieza de los datos. Al eliminar la irregularidad del paso humano y mantener el sensor estable en el aire, obtuvimos un set de datos listo para interpretación en tiempo récord, prácticamente en terreno para una revisión rápida.
Esta experiencia, una de muchas ya realizadas, confirmó que la búsqueda de inchancables ya no requiere cuadrillas caminando sobre material inestable. Con la magnetometría aerotransportada, convertimos un problema de seguridad y mantenimiento en una tarea preventiva, rápida y, sobre todo, eficaz, que minimiza el impacto de estos objetos en la producción minera.
*Cabe destacar que, si bien el estándar en magnetometría incluye el uso de una estación base (magnetómetro estático)para realizar la corrección diurna y filtrar las variaciones naturales del campo magnético, en esta experiencia optamos por un despliegue rápido sin base.
Aún sin este paso de refinamiento, la magnitud de las anomalías generadas por los elementos ferrosos es tan alta en comparación con el ruido de fondo, que los objetivos fueron detectados con total claridad.